miércoles, 23 de enero de 2008
Muere Heath Ledger
jueves, 3 de enero de 2008
American Gangster
Guión: Steven Zaillian
Reparto: Denzel Washington, Russell Crowe, Josh Brolin, Chiwetel Ejiofor, Lymari Nadal, Ruby Dee, John Ortiz, Ted Levine, John Hawkes, Carla Gugino
Cuando parecía que las (buenas) películas de mafiosos nos habían abandonado tras la etapa dorada de principios de los 90, parece ser que el Oscar de Infiltrados abrió la veda de una reposición de la moda. Hace poco que nos llegó Promesas del Este, que ya comenté en su momento, y ahora es el turno de American Gangster. Adelanto que, para mí, y por supuesto detrás de Cartas desde Iwo Jima, es la mejor película de un año cinematográfico no especialmente llamativo.
En 1968, Frank Lucas, chófer del 'padrino' de Harlem, inició su ascenso al poder tras la muerte de su mentor. Tras llegar a la cima usando procedimientos de importación y venta de heroína totalmente innovadores, fue perseguido por Richie Roberts, un policía renegado, irónicamente, por ser honesto.
He aquí el argumento de American Gangster, filme ya a priori llamativo en muchos aspectos: dirección (a pesar de las últimas decepciones de Mr. Scott), reparto y argumento, que se me ocurran. Y no son aspectos poco importantes precisamente, pero no tienen por qué dar una buena película (recordemos, ya que estamos con Ridley, Hannibal o -dejando de lado lo del payaso de Orlando Bloom- El reino de los cielos); en este caso, afortunadamente, la han hecho.
Hay que decir que American Gangster no es un filme innovador dentro del género; es muy clásico, algo que se agradece, pero ese adjetivo aquí implica influencias clarísimas, quizá demasiado obvias: la película tiene mucho de Scarface, bastante de Uno de los nuestros e, inevitablemente, un toque de El Padrino en un par de escenas, además de elementos de The French Connection, a la que el mismo guión hace una referencia, de Serpico (por lo del poli honesto), de Heat (por lo del versus, que está presente en más pelis pero la que veo más adecuado mencionar es esta) o de New Jack City (por lo de los mafiosos negros, aunque por esto también podríamos hablar, por qué no, de GTA: San Andreas).
Sin embargo, a pesar de que me veo obligado a ver esto como un punto negativo, hay que tener en cuenta que en el género mafioso es muy difícil innovar y que, además, la historia de Frank Lucas fue una historia real que probablemente fue en su momento fuente de inspiración para el cine, como las historias de los Bonanno, por ejemplo. Así, no todo es culpa del guión barra dirección.
Estructuralmente, la película cuenta con tres partes: la primera nos pone en situación, mostrándonos el ascenso de Lucas y los motivos de Roberts para perseguirle; la segunda nos muestra la estancia en la cumbre del mafioso, y su persecución por parte de la brigada del policía; finalmente, la tercera es la caída, y tiene su principal virtud en la unión de los talentos interpretativos de los dos protagonistas.
Washington y Crowe, como digo, interpretan magistralmente a dos personajes ya geniales sobre el papel. Junto a ellos, con mucha menos relevancia argumental (el resto de secundarios tienen escasa importancia individual; para contrarrestar esto, hay muchos), destaca Josh Brolin haciendo de policía corrupto hijo de puta, de esos que comen mientras hablan y eso. Para mí, Brolin, si en No es país para viejos hace el buen trabajo que le pintan, será uno de los actores revelación del año, junto a Shia LaBeouf y, por supuesto, Casey Affleck. Ahí queda eso.
La personalidad propia del filme radica básicamente en el personaje de Frank Lucas, que tiene más presencia en pantalla que el de Richie Roberts, y que resulta más interesante por ser, como dice el personaje de Roberts en un momento de la película, un símbolo del progreso: hemos visto muchos italianos o sudamericanos llegando al poder desde posiciones más o menos importantes, pero no hemos visto tantos negros, siempre (en aquella época y casi hasta hoy) pintados como la clase más baja, la clase idiota, incapaz de ser importante siquiera en asuntos del hampa. Me viene a la cabeza aquel diálogo, creo, de De Niro en Uno de los nuestros en que hablaba de la facilidad de escapar impune de un crimen; decía algo así como que "la policía sólo coge a los atracadores negros, y porque se quedan dormidos al volante en el coche de huida". Muy gráfico. Esta fascinación natural del personaje, complementada por la atracción de su frialdad rota en muy pocas ocasiones por una naturaleza interior violenta (a lo Michael Corleone) y sus miedos scarfaceianos (de hecho, el guión nos va alertando contra muchos secundarios, incluyendo el de Cuba Gooding Jr., que sale en pantalla, redondeando al alza, dos minutos), provoca una simpatía de parte del espectador, que el director intenta aliviar un poco mediante imágenes de yonkis hechos polvo. No os droguéis, niños.
American Gangster es una película de mafiosos muy clásica, poco innovadora, algo fría, pero con muchas virtudes que compensan sus defectos: muy buena dirección, buen guión, repartazo, escenas memorables (la salida de la iglesia), personajes maravillosos... Y, a pesar de durar más de dos horas y media, no se hace larga en ningún momento. ¡Qué coño!, hasta le falta metraje hacia la parte final. Peliculón, en fin. No dejéis de verla, sobretodo si, como un servidor, sois nostálgicos del cine mafioso.
lunes, 31 de diciembre de 2007
El 2007 desde la butaca
jueves, 27 de diciembre de 2007
Republicanos en Hollywood
domingo, 23 de diciembre de 2007
Soy leyenda
Guión: Mark Protosevich, Akiva Goldsman (novela de Richard Matheson).
Reparto: Will Smith, Alice Braga, Salli Richardson, Charlie Tahan, Willow Smith.
Soy leyenda habla de Robert Neville, un científico que, después de que la humanidad haya sido destruida por un virus, que también ha convertido a un pequeño porcentaje en seres rabiosos, trata de sobrevivir, mientras busca la cura para la enfermedad a la que es inmune.
La legendaria (chistazo) novela de Richard Matheson, se había adaptado al cine con anterioridad en dos ocasiones: la primera, protagonizada por el gran Vincent Price, es poco conocida; la segunda, con Charlton Heston, lo es bastante más, pero no es una maravilla que digamos. A priori, esta nueva versión no me llamaba la atención: Will Smith no es Heston, y menos Price, y tanto la anunciadísima religiosidad como el más anunciado aún, por ser el más caro de la historia del cine, efecto del puente me asustaban.
En cuanto a los efectos, lo cierto es que se les ha dado demasiado bombo. La explosión del puente es impactante, pero dura unos pocos segundos, y el resto de efectos son bastante cutres, en especial en lo referente a los infectados, típicos zombis de videojuego, todos iguales entre sí.
Además, las escenas de acción con efectos especiales ocupan una parte muy pequeña del metraje; durante su mayor parte, la película habla de la soledad de Neville, de su miedo y su descenso a la locura. Es por esto que la película es buena, porque Will Smith, un actor que en principio puede producir recelo, refleja perfectamente los sentimientos que el guión y el personaje le inspiran, algo especialmente notorio en lo referente a los maniquíes que coloca en distintos puntos para no sentirse tan solo, y con los que se comunica, aparentemente, en plan coña (y que posteriormente proporcionarán una de las escasas muestras, sin explicación alguna, de inteligencia en los infectados). Mención aparte merece la perra, complemento insuperable para el protagonista, y por la que el espectador llega a sufrir más que por el propio Neville. En serio.
Sin embargo, la sensación de desasosiego y demás se rompe en la última media hora de metraje, con la aparición de una superviviente jodidamente religiosa (y jodidamente inculta, ¿quién pollas no conoce a Bob Marley?) y de un niño (cómo no), que dan paso no sólo a una abominable supeditación del pensamiento racional con respecto a la fe, que echa por tierra el mensaje de la novela, sino también a una acción insulsa y típica de una película de videojuego arcade de zombis.
En resumen, una película muy buena durante su primera hora, envuelta en una atmósfera inspirada muy posiblemente en 28 días después, que se hunde con un final absurdo. Pero claro, la primera hora está ahí, y por ella merece la pena tragarse la mierda de discurso.
Valoración: 7/10.