martes, 16 de septiembre de 2008

Che: El argentino

Dirección: Steven Soderbergh.
Guión: Peter Buchman.
Reparto: Benicio del Toro, Demián Bichir, Santiago Cabrera, Catalina Sandino Moreno, Rodrigo Santoro.


Creo que no me gusta Soderbergh. Digo "creo" porque he visto pocas películas suyas, pero las Ocean's (es una "'s" de posesivo, no esa falsa "s" plural que tantos de vosotros, oh ignorantes, usáis), a pesar de que en su función sé reconocer que son buenas, me resultan indiferentes, tienen para mí incluso un punto desagradable, Sexo, mentiras y cintas de vídeo, a pesar de sus virtudes, está sobrevaloradísima, y Traffic me pareció fría y mal acabada. No he visto nada más de este hombre, creo. Si me llamaba (bastante además) la atención su Che, dividido a causa de su duración real de cuatro horas y media en dos partes, El argentino, ésta, y Guerrilla, que no sé cuándo coño se estrena, era por un único motivo, un motivo de mucho peso (sobre todo últimamente, que está cada vez más fondón): Benicio del Toro. Oh, Benicio. Qué grande es usted (sobre todo últimamente, que está cada vez más fondón). Oh, Benicio... bueno, sinopsis y luego sigo alabando a Benicio (oh, Benicio), y un poco también a la peli. No tanto como a Benicio, eso sí.

Che: El argentino narra la Revolución Cubana desde el punto de vista de Ernesto Guevara, médico argentino más o menos conocido (sí, el tío ese que sale en las camisetas) que, junto a cubanos como Fidel y Raúl Castro, derrocó la dictadura de Fulgencio Batista (hala, ya os he contado el final), apoyada por los Estados Unidos, potencia a la que ideológicamente los líderes revolucionarios se oponían. Qué cosa más obvia de sinopsis, la virgen.


Hace poco alabé a un del Toro, hoy alabo a otro. A éste le lameré el ojete más (todavía): me parece el mejor actor del panorama cinematográfico actual (bueno... junto con algún otro: Forest Whitaker, Gary Oldman, Daniel Day-Lewis) y, aun siendo su interpretación del Che memorable y, a no ser que cambie mucho el tema, merecedora del Oscar, como todos sabemos Benicio es Dios (uno de ellos, mi panteón cinéfilo es bastante grande), por lo que no me atrevo a decir que sea la mejor de su carrera. La empato, eso sí, con las de 21 gramos y Traffic. Del Toro compone un personaje que podría haber resultado impresionante, si el guión hubiera ayudado.

Porque lo cierto es que, si bien mal no está, el guión no tiene fuerza. El retrato psicológico del Che resulta insuficiente, su ideología (mostrada básicamente en escenas situadas siete años después de la Revolución, durante una entrevista para la televisión americana y su discurso ante las Naciones Unidas) se presenta desde un punto de vista en absoluto arriesgado. La dirección, impecable, con predominancia del realismo y el plano medio, se acerca al estilo documental, lo cual casa perfectamente con la frialdad del guión. Por tanto, Che tiene un tono diferente a lo común, extraño, desapasionado, que sin embargo no hace la película aburrida en ninguno de sus aproximados ciento veinte minutos. A mí, al menos.


No sabía qué esperar de esta película, pero sí intuía que habría menos acción. Menos aún de la que hay, puesto que la cantidad de tiros no es exagerada. Varias de las escenas de este estilo me han encantado, debido al realismo con que están rodadas; sin embargo, hay otras que, a pesar de las imágenes creíbles y bien tomadas, no tienen tensión alguna debido a que Soderbergh intercala palabras de la entrevista al Che, anulando los sonidos de disparos y explosiones, con lo cual el espectador puede fácilmente pasar a ignorar los acontecimientos.

A pesar de ser una película centrada en el Che, lo cierto es que no se siente que verdaderamente sea Guevara el protagonista de los acontecimientos durante buena parte de lo relatado en la película (sensación incrementada por el hecho de que verdaderamente no lo era). Hay muchos secundarios, pero pocos de ellos tienen importancia o relevancia argumental; cabe destacar, por supuesto, al personaje de Fidel Castro, interpretado magistralmente por Demián Bichir (me acojona pensar que este papel originalmente era para nuestro Bardem, no lo veo nada de Castro, aunque Bardem es mucho Bardem). Mucho actor televisivo hay por aquí... además de Bichir (sale en la última temporada de la inmerecidamente desconocida Weeds) aparecen Rodrigo Santoro (Lost, aunque últimamente está en todas partes este tío) o Santiago Cabrera (Heroes, también hace aquí un muy buen papel). Mención aparte merece Unax Ugalde, actor malo donde los haya, que destroza, con su innegable talento para tal fin, un personaje ya de por sí poco llamativo (de hecho, aunque aparece durante todo el metraje, lo que hace básicamente es pasearse por la selva con una cara de gañanazo exageradísima).

Unax en su único momento no esperpéntico de toda la película

El argentino es una película rara, que toma riesgos con su falta de riesgos y que se siente excesivamente fría, documental, pero a su vez posee una elegancia y una sobriedad que de otro modo no sería posible. Quizá una película más normal, más apasionada, habría sido mejor, pero a mí esta ya me parece bien. Eso sí: por supuesto, sin Benicio del Toro no sería nada. A ver qué tal Guerrilla aunque, por los votos en la IMDB, prefiero no hacerme muchas ilusiones.

Valoración: 7/10.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Hellboy 2: El ejército dorado

Título original: Hellboy 2: The Golden Army.
Dirección: Guillermo del Toro.
Guión: Guillermo del Toro.
Reparto: Ron Perlman, Doug Jones, Selma Blair, Luke Goss, Anna Walton, Jeffrey Tambor.


La primera película de Hellboy me gustó, nada más. Sin embargo, las críticas que ha venido recibiendo su secuela desde su estreno en los Estados Unidos (y en casi todos los países del mundo, que en España siempre somos de los últimos, coño, aunque como esta vez la culpa es de El caballero oscuro no me quejaré demasiado) han hecho que los dientes se me pusieran más y más largos con el paso del tiempo. No es que las valoraciones recibidas hayan sido especialmente prometedoras, sino que todas destacaban lo mismo: el hecho de que Guillermo del Toro desatara en Hellboy 2 todo su potencial visual. Lo cual, teniendo en cuenta su enorme capacidad para crear imágenes fantásticas, insinuada en sus primeras películas y demostrada en Hellboy y, muy especialmente, El laberinto del Fauno (unión de talento visual y calidad cinematográfica), no es decir poco.

Hellboy, junto a su novia, la pirokinética Liz Sherman, y el semianfibio Abe Sapien, trabaja para el gobierno de los Estados Unidos; sin embargo, sus poco sutiles métodos hacen que cada vez sea más difícil ocultar sus existencia al mundo. Finalmente, se descubrirán a la humanidad durante su misión para detener el intento del príncipe elfo Nuada, del reino subterráneo de Bezmorra, de apoderarse de las tres piezas de una corona para destruir el mundo de los hombres mediante un ejército de máquinas creadas siglos atrás por los goblins.


Efectivamente, El ejército dorado no me ha decepcionado en absoluto, dado que mis aspiraciones eran esencialmente las de ver una película de fantasía entretenida con un apartado visual sobresaliente. En resumen, la nueva película de Del Toro es lo que la crítica especializada comenta: una demostración de creatividad. Y, copiando descaradamente a Ángel Luis Sucasas, conocido internetil mío y colaborador de la revista Scifiworld, aclaro la función de tal demostración: servir como campo de pruebas para su futura obra magna, El Hobbit. Para el blasfemo que no sepa de qué hablo: Del Toro se encargará de la adaptación cinematográfica del preludio a cierta famosa trilogía (ahora ya a quien no me coja le doy con un ladrillo en la sien) escrita por J.R.R. Tolkien. Preludio que, por cierto, me gusta mucho más que la trilogía en sí.

Y es que, de hecho, hay en El ejército dorado gran cantidad de elementos que recuerdan al universo de ESDLA, y muy particularmente a la traslación de Peter Jackson. No sólo en cuanto a criaturas (en el cómic, que yo sepa, no hay elfos ni goblins ni trolls ni bichos por el estilo), sino también argumentalmente. Hay más, pero se me ocurren ahora dos parecidos muy obvios: el hecho de que (por así decirlo) un instrumento de poder esté dividido entre diferentes razas y la historia inicial que cuenta a Hellboy su padre adoptivo (la única escena en la que aparece John Hurt). Este cuento me ha recordado visualmente a MirrorMask, infravalorada e infraconocida película de los maestros del cómic Dave McKean y Neil Gaiman, pero, sobretodo a El laberinto del Fauno, concretamente el momento en que la protagonista narra un cuento a su hermano nonato.

Hay muchísimos elementos que acercan ambas películas. Lo cual resulta, en cierto modo, obvio, teniendo en cuenta que comparten director-guionista; sin embargo, ambas obras están unidas más que lo meramente estilístico. Podría incluso considerarse (eso sí, en el supuesto de que la fantasía de El laberinto existiese verdaderamente) que forman parte de un mismo universo, puesto que el reino subterráneo de Bezmorra aparece tanto en esta como en aquella, y se accede a él mediante portales, como decía el Fauno (aunque también decía que el portal que él guardaba era el último) En cualquier caso, esto ya es pura conjetura sin demasiado fundamento ni necesidad. Lo importante es que Del Toro reanuda lo que ya iniciara en su, hasta ahora, única obra maestra, pero desde un ángulo completamente distinto.

Oh, Dios, me encanta esta escena

Dentro de la espectacularidad visual de Hellboy 2 cabe destacar, por supuesto, a los seres que la pueblan. Del Toro puso un cuidado enorme en el diseño de todos y cada uno de sus personajes, hasta el más insignificante, y eso se nota. Cualquiera de ellos podría tener un papel protagonista y seguiría resultando visualmente perfecto (el único modelo que no me ha convencido ha sido, precisamente, el de los integrantes del Ejército Dorado). La impresionante escena del mercado de los trolls es el punto donde en mayor medida se acumula el bizarro poderío visual del cineasta. Un par de los personajes que aparecen en la película recuerdan mucho al -creo que le llaman así- Hombre Pálido de El laberinto; pero lo cierto es que, con lo geniales que son, cuesta criticarle esto a Del Toro. Ambos están, además, interpretados por Doug Jones, el Fauno, el Hombre Pálido y, aquí, Abe Sapien (doblado por José Mota, de Cruz y Raya, para mi alivio de forma decente), al que ya cogimos cariño en la película original. Su importancia y su número de apariciones es mucho mayor que en Hellboy, lo cual se agradece, pues resulta tan buen personaje como el propio protagonista (perfectamente interpretado por el rarísimo Ron Perlman).

Los demás personajes no llegan a poseer el carisma de los dos antes mencionados, pero tampoco están mal. Liz me encanta (será porque me encanta Selma Blair), y sus discusiones con Rojo son divertídisimas; no se echa para nada en falta el personaje del agente joven de la primera película, tan sólo necesario para introducirnos en la trama en aquella ocasión, y de cuya ausencia sólo se habla con un chiste, muy de pasada; el jefe, Mannings, pasa de ser un tío odioso a un bufón graciosete; el Dr. Krauss, ente protoplásmico o alguna pollada por el estilo, tiene sus momentos, aunque lo mejor del personaje es también el diseño, y su presencia no va mucho más allá de lo que mola verlo hacer cosas raras. Su doblaje en español corre a cargo de Santiago Segura (¿a quién coño quieren venderle la película?), que resulta divertido, y que además tiene un cameo. Peor que en la primera, eso sí. El malo, un elfo oscuro, tiene unas escenas de lucha impresionantes; el personaje de su hermana gemela es muy tierno, y también lo es su relación con Abe. Quien, por cierto, ¡usa lentillas! Puntazo.


Me doy cuenta de que al mencionar a los secundarios me he visto obligado a hablar en muchos casos del humor. El tono humorístico resulta fundamental para la película, que como ya digo basa su interés en entretener al espectador, sin más pretensiones. Yo me he reído mucho (el resto de la sala no tanto como yo... creo que los cabrones me miraban mal); aunque haya algunas chorradas, el humor blanco, en muchos casos absurdo, es muy satisfactorio. Lo mejor: Rojo y Azul bebiendo birras. Una escena casi más bizarra que los seres de Del Toro. Hay algunos momentos serios, pero son los menos y los obligatorios, especialmente el final; no me imagino la última batalla en tono cómico.

El argumento, como el avispado lector habrá podido deducir, es más bien pobre, y poco original. Hay resonancias de Frankenstein y King Kong, así como de obras modernas; no sólo de El señor de los anillos y El laberinto del Fauno, sino también de Men in Black, Las crónicas de Riddick o El retorno de la momia (aunque estoy seguro de que la historia del control de un ejército artificial es muchos siglos más antigua que eso). Ciertos aspectos de la trama no están nada bien desarrollados (desaprovechadísimos el Ejército -¿por qué la película lleva su nombre por título, aparte de porque suena guay?-, el descubrimiento de la existencia de Hellboy y la sugerencia de Nuada de que se una a él), y algunas decisiones de los personajes no resultan consecuentes. Pero el ver una película que, que regalándome imágenes como la aparición repentina de vegetación en medio de una metrópolis, me impresiona tantísimo visualmente y que no pretende más que eso, para alguien que concibe el cine como básicamente un método de entretenimiento, resulta más que suficiente y más que bienvenida.


Valoración: 7/10.

viernes, 22 de agosto de 2008

Superagente 86 de película

Título original: Get Smart.
Dirección: Peter Segal.
Guión: Tom J. Astle, Matt Ember.
Reparto: Steve Carell, Anne Hathaway, Alan Arkin, Dwayne 'The Rock' Johnson, Terence Stamp, Dalip Singh, Ken Davitian, Masi Oka, Nate Torrence, David Koechner, Terry Crews, James Caan, David S. Lee.


La verdad es que vi ayer esta película por ir al cine. No me apetecía verla y ya daba por supuesto que no iba a ser buena; de todas formas, me atraía el reparto (Steve Carell me resulta muy gracioso; The Rock, al que me niego a llamar Dwayne Johnson, más aún, aunque él no intente serlo, pobre), y tenía recuerdos infantiles neutros de la serie, que no me hacía gracia, pero me interesaba ver cómo había sido adaptada a estos nuestros tiempos. No es la mejor película para celebrar un cumpleaños, pero ir al cine siempre mola. Hecha esta introducción que me podría haber ahorrado perfectamente pero que últimamente me siento obligado a realizar, pasaré a hablar de Superagente 86 de película -título, por supuesto, nefasto, pero habiendo estado en Roma hace cosa de un mes, os diré que la traducción al italiano es mucho peor: Casino Totale. ¿Qué cojones tiene ese título que ver con la peli, por mucha parodia de los Bond que sea? Amos no me jodas.

Max Smart trabaja como analista en CONTROL, agencia secreta cuyo único propósito actual parece ser la de contrarrestar a la agencia rusa KAOS. Tras duros esfuerzos, y (sobretodo) tras descubrir KAOS la identidad de todos los agentes de CONTROL, Smart consigue alcanzar su sueño de convertirse en uno de ellos. Es destinado a Rusia, acompañado por la agente 99, para descubrir cuáles son los planes de sus enemigos.


O algo así, porque lo cierto es que no me enteré mucho del argumento. En cualquier caso, viene a ser lo de menos: la base de la película son los chistes, no la trama, que como ya digo es estúpida, además de tremendamente tópica, y por tanto aburrida y previsible. El humor es el típico de las comedias estadounidenses de los últimos años, como cabe esperar de una película protagonizada por Carell, máximo representante presente, junto con Will Ferrell, del género. Hay muchísimos chistes en la película; por tanto, no es extraño que algunos funcionen bien, o hasta muy bien. La mayoría son chorradas, de esas que algunos considerarán descojonantes pero a otros les darán ganas de clavar un cuchillo en el ojo de ciertos guionistas, con lo cual el considerarla divertida o no es bastante subjetivo. A mí me hizo reír bastante durante su primera hora, más o menos; sin embargo, todo se alarga demasiado y se encamina excesivamente hacia una acción horriblemente típica y tediosa.

Las referencias a la serie no son muchas, lo cual está bien; era necesario darle un giro total si se quería hacer algo aceptable para la actualidad. Que fuera necesario o no hacer la película, eso ya es mucho más discutible. Estas referencias se limitan casi exclusivamente (y con "casi exclusivamente" quiero decir "que yo haya captado") a dos momentos: el inicio, en que se nos presentan objetos míticos de la serie en una especie de museo, y en que la archiconocida escena de las puertas se siente forzada, y la aparición del zapatófono, que no tiene aquí gracia ninguna. Está bien que se mantenga un cierto enlace con el original, pero teniendo en cuenta el fracaso de estas escasas conexiones, muchas más habrían resultado un craso error.


El reparto es extraño, y en general se produce un gran desaprovechamiento de talento. Steve Carell es el más destacable, porque es divertido de por sí, pero no es éste su mejor papel, ni mucho menos (cada vez que recuerdo a su periodista retrasado de El reportero me parto el ojete estúpidamente). No tiene un mal personaje, aunque su gilipollismo queda decepcionantemente atenuado en varios momentos por demostraciones de ingenio que al espectador no le apetece nada contemplar. Anne Hathaway es una actriz mediocre, que estará buena (que no me había fijado yo, pero sí que lo está), pero no tiene para nada la picardía necesaria para su personaje. A Alan Arkin no se le ve cómodo y tiene un mal personaje; el de Terence Stamp es aún peor. No sé qué hace aquí ninguno de los dos, y me da muchísima pena ver a Stamp rebajado a esto. Tenemos también a The Rock, que buen actor no es, desde luego, pero resulta bastante divertido, sobretodo cuando sonríe (y se pasa buena parte del metraje sonriendo, con lo cual yo encantado). Otros personajes desaprovechados son los de Masi Oka, el japonés de Heroes (el mejor de la serie, qué duda cabe), y Nate Torrence, que me suena de Studio 60 on Sunset Strip y de algo más pero no sé qué, que intepretan a dos informáticos de CONTROL; alguna de sus escenas, como el momento en que fingen una pelea con el protagonista, es muy divertida. Es una lástima que no salgan más. Hay también un inesperado cameo de Bill Murray, bastante divertido; pero, seguramente, a quien más gracia me ha hecho ver es a Dalip Singh, más conocido como ¡el Gran Khali!, luchador de Pressing Catch. Su personaje también me gustó más que la mayoría, aunque seguramente sólo fuera porque me sorprendió verlo.

Get Smart es una película más o menos divertida durante su primera hora, que se va desinflando por culpa de un metraje excesivo, una trama penosa y escenas de acción indeseadas. No es para nada la mejor opción de la cartelera presente (la verdad es que ya hace bastante que se estrenó, no sé por qué digo "cartelera presente"), pero a los fans de Steve Carell les puede gustar. A los fans de la serie, lo dudo.


Valoración: 4/10.

miércoles, 13 de agosto de 2008

El caballero oscuro

Título original: The Dark Knight.
Dirección: Christopher Nolan.
Guión: Jonathan Nolan, David S. Goyer, Christopher Nolan.
Reparto: Christian Bale, Heath Ledger, Aaron Eckhart, Gary Oldman, Maggie Gyllenhaal, Michael Caine, Morgan Freeman, Eric Roberts, Monique Curnen, Chin Han, Nestor Carbonell, Ron Dean, Cillian Murphy.


Estuve bastantes semanas, puede que hasta meses, con unas ganas impresionantes de ver la nueva película de Batman. Batman Begins me encantó, a pesar de no ser una maravilla cinematográfica, por lo que aportaba de novedoso al creciente(mente coñazo) panorama superheroico, del que hablé en mi crítica de Hancock: un tono cuasirealista y oscuro. Después de que los hijoputas de Flixster me restregaran (involuntariamente, espero) desde principios de julio lo enorme que era The Dark Knight, conseguí hace sólo una semana olvidarme de ella al ver Wall-E, a la que, como ya comenté, le tenía ganas pero no tantísimas. Comento.

La tarea de Bruce Wayne como Batman, el protector de Gotham, parece ir a buen puerto con el auge del fiscal del distrito, Harvey Dent, en quien ve a un sucesor legal para la lucha anticriminal que realiza. En el otro bando, para proteger su posición, la mafia contrata al Joker, un criminal sin moral ni más objetivo que la consecución del caos y la derrota de aquel al que considera su opuesto: Batman.


Lo mejor de El caballero oscuro es que es muy difícil decidir qué es lo mejor. No puedo elegir sólo una cosa, así que escogeré tres: el ritmo, el tono y, por supuesto, el Joker. La acción comienza en el primer minuto y prácticamente no cesa, logrando una sensación de clímax constante que me ha recordado a la que sentí en Magnolia, claro que aquí no hay lugar para el malestar que provocaba aquella. En cuanto al tono, como ya he dicho lo que más me gustaba de Begins era que resultaba creíble y oscura; sin embargo, ambos adjetivos quedan en cierto modo anulados por su secuela: el realismo aquí, además de apartarla, me arriesgo a decir, de cualquier película superheroica, es engrandecido por la rabiosa (cómo me gusta este adjetivo) actualidad del discurso, y la oscuridad, bueno, es quizá la misma base de la película. Aquí todo vale; ningún personaje es intocable, y la trama no resulta previsible, como sí lo era la de Begins. Será parcialmente previsible, por supuesto, para quien haya leído algún cómic, pero eso es lo lógico.

El Joker es un punto aparte. Sin contar el morboso atractivo que puede ser para mucha gente el ver al lamentablemente fallecido Heath Ledger en el que no sólo es el último sino también sin duda, y como se comenta, el mejor papel de su carrera, lo cierto es que nos encontramos con uno de los mejores villanos que ha parido el cine en toda su historia. Atrás queda, como todo lo demás de los Batman de Burton (porque, aceptémoslo, lo único verdaderamente destacable era, además de la reinvención del personaje, la puesta en escena; cinematográficamente no valían gran cosa), el papel de Nicholson; a pesar de que sí se trataba de una muy buena interpretación, no se puede comparar con la de Ledger por el simple motivo de que El caballero oscuro es mucho mejor que Batman. Ya sobre el guión es éste un malo espléndido, que tiene las, por así decirlo, cualidades de aquél pero multiplicadas y oscurecidas: el adjetivo que más fácilmente viene a la cabeza al ver el papel de Nicholson es "hijodeputa" (equivalente psíquicoautomático de "sádico"); para el de Ledger no existe adjetivo. Los hermanos Nolan y Ledger consiguen componer un personaje genialmente cruel y amoral que incluso consigue hacer sentir al propio espectador como un cabrón. Basta ver cualquiera de sus escenas, aunque personalmente me quedo con el momento "Voy a hacer desaparecer este lápiz". Sencillamente magistral. Es este Joker la personificación de aquello que Batman no puede derrotar: la falta de principios, de objetivos y de lógica. ¿Cómo vencer a alguien que pretende simplemente destruir al Murciélago, sin limitación alguna, sin que éste renuncie a sí mismo? Luchar, quizá; vencer...



El resto del reparto no desmerece en absoluto. Es más, sin Ledger aún sería el de El caballero oscuro un elenco interpretativo sobresaliente. Michael Caine y Morgan Freeman, sin apartarse de sus papeles típicos, funcionan perfectamente como secundarios de lujo; Eric Roberts, Monique Curnen y Nestor Carbonell me han llamado la atención por realizar buenos trabajos a pesar de que sus carreras se limitan, que yo sepa, a lo televisivo (los recuerdo por Heroes, House y Lost -¡ah, Lost!-, respectivamente; también hay en la escena inicial un cameo de William Fichtner, de Prison Break); Maggie Gyllenhaal, una de mis actrices favoritas, no está especialmente lucida aunque sí salva un personaje muy poco llamativo y supera con creces, tarea no muy difícil por otro lado, a Katie Holmes; sobre Christian Bale, ¿a alguien le cabe aún duda sobre si es o no el mejor Batman? Aparte de la de Ledger, las mejores interpretaciones me han parecido la de Aaron Eckhart, para mí un desconocido, que aquí es Harvey Dent, el fiscal del distrito, y especialmente la de Gary Oldman, cuyo personaje, el teniente Gordon, tiene una relevancia mucho mayor que en Begins, por lo cual tiene la oportunidad de demostrar sus cualidades interpretativas, desentrenadas desde hace muchos años.

En cualquier caso, casi cualquier cosa que se puede (o, más bien, "puedo") decir de El caballero oscuro es buena. Las escenas de acción son impresionantes; algunas de ellas, estando rodadas con cámara de IMAX (que por cierto, qué daría yo por verla en un IMAX), resultan una experiencia visual difícilmente comparable a las de casi cualquier película de acción que se me ocurra. El humor está presente en dos formas: el sádico del Joker, que ya he comentado, y el irónico tirando a blanco del resto de personajes, principalmente de Alfred, el mayordomo, y de Fox, el experto en tecnología, que resulta también muy divertido aunque no es especialmente destacable. En el segmento inicial hay, además, lo que me ha parecido un par de guiños a los lectores de los cómics, relacionados con el personaje de Dent. Curiosidad, nada más.


Por supuesto, hay unos cuantos aspectos que no me han convencido. Iré de menor a mayor importancia. En primer lugar, la práctica omnipresencia de la música me ha resultado algo molesta. En segundo lugar, a poco más de la mitad de la película, creo recordar, tiene lugar un momento tremendamente deus ex machina que, por mucho que me haya resultado un alivio, no deja de ser un truco fácil y argumentalmente un poco una mierda. Finalmente, la evolución de cierto personaje no me ha gustado demasiado; prefiero no entrar en detalles para quien no conozca, por los cómics o por lo que sea, cosas sobre tal personaje, pero los motivos que lo impulsan a dar un giro me han resultado algo confusos y no totalmente justificadores. Además, la trama que se desarrolla en la recta final en relación a su personaje se siente algo descolgada de la historia principal; no os preocupéis demasiado cuando veáis la película: finalmente todo acaba encajando. Hay un cuarto punto en que no me he sentido totalmente contento con El caballero oscuro, pero es un punto mucho más personal que las anteriores: el personaje del Espantapájaros, por grado de relevancia el segundo villano de la primera entrega, y en realidad mejor que el malo principal, tiene un papel también en esta secuela; sin embargo, su aparición se limita a una escena introductoria. Teniendo en cuenta lo enorme que es Cillian Murphy y lo interesante que fue su Espantapájaros, no puedo evitar tener una leve sensación de decepción. Casi habría preferido no verlo, porque verdaderamente no había más lugar en la trama para otro villano relevante.

El caballero oscuro es, pues, una película muy pretenciosa, pero por suerte forma parte de ese limitado grupo de obras ambiciosas que consiguen sus objetivos; en este caso, el de pasar de ser una simple peliculilla de superhéroes, un buen entretenimiento, a una película de acción de calidad, un thriller de proporciones épicas, que logra la complicada tarea de resultar creíble a pesar de su fastuosidad, algo a lo que, como ya he dicho, Batman Begins ya apuntaba, reflejando de paso los miedos de la sociedad post 11-S de forma aplaudible. Muy posiblemente es esta la mejor unión de cine comercial y cine de calidad hasta la fecha. Una de las pocas películas recientes que me han hecho sentir que no es una pérdida de tiempo ser un cinéfilo. He dicho. Lo que me temo es, claro está, que la jodan con una tercera parte, que estoy convencido de que se hará (es que, joder, sólo hay que fijarse en la recaudación) y estoy convencido de que no será tan buena como ésta, pero espero que sea al menos digna; cuando Nolan diga que se encargará de ella, respiraré aliviado. Al menos un poco.

En fin, que ¿qué puta gilipollez es esa de que segundas partes nunca fueron buenas? ¿Es que nadie ha visto El imperio contraataca, Terminator 2, El Padrino II, Terroríficamente muertos... y ahora El caballero oscuro? Por amor de...


Valoración: 8,5/10.

martes, 12 de agosto de 2008

Hancock

Título original: Hancock.
Dirección: Peter Berg.
Guión: Vince Gilligan, Vincent Ngo.
Reparto: Will Smith, Charlize Theron, Jason Bateman, Jae Head, Eddie Marsan.


Últimamente estamos de superhéroes hasta los cojones. Desde Spiderman y los X-Men no han parado de sacar adaptaciones más o menos entretenidas pero más o menos mierdas: hemos podido ver chorradas del calibre de Los 4 Fantásticos, Catwoman o Ghost Rider a películas incluso buenas o al menos respetables como Batman Begins y Hellboy, pasando por alguna que otra producción pasable (los Hulk, Iron Man). Hasta la Pixar se atrevió con Los Increíbles, que como ya comenté la semana pasada me parece una joya de la animación y, en el contexto del que hoy trato, también una joya del cine de superhéroes. Lo que me atrajo cuando vi el tráiler de Hancock fue el concepto de superhéroe desmitificado que presentaba, aunque estando Will Smith en el proyecto supuse que finalmente sería un producto más bien blandito. Supuse bien. Me crujo los huesos del cuello y los dedos y empiezo.

John Hancock es un superhéroe atípico. Al contrario de lo que cabría esperar, la gente le odia porque es un alcohólico, porque hace más daño del que impide, porque se muestra irrespetuoso y prepotente con los demás... en resumen, porque es un capullo (en inglés mola más: "an asshole"). Cuando conoce a Ray Embrey, experto en lavar la imagen de cosas (creo que era algo así lo que decía, no estoy seguro y me interesa más bien poco), empieza a modificar su actitud, por lo que incluso acepta ir a la cárcel. De todas formas, lo que más le atrae de Ray es su mujer...


Cuando he empezado a visionar Hancock me he temido lo peor; para muestra de ello, qué mejor que decir que, al finalizar la escena introductoria, no he podido evitar soltar un "¿Pero qué puta mierda es esta?". Will Smith y unos chinos soltando memeces, efectos especiales poco llamativos y hasta cutres. Por suerte la cosa mejora, y con "la cosa" quiero decir los chistes, ya que el sentido del humor es lo que sostiene la primera parte de la película. Eso y el reparto, ya que los tres protagonistas hacen trabajos interesantes; destaco especialmente a Jason Bateman, al que vimos hace poco en la tan sobrevalorada como reaccionaria Juno, que interpreta a un típico primo, pero lo hace con soltura y gracia. Le pega. De todas formas, siendo Hancock el protagonista, como es de esperar son sus gracias, irrespetuosas y cabronas, lo mejor del humor. Eso sí: como al espectador no le conveza esta parte cómica, la película le parecerá una basura intragable.

Desde aquí todo va a peor. La reforma de Hancock trae consigo, por desgracia en muy pocos minutos, la desaparición del tono humorístico, que volverá sólo en escenas muy puntuales, un par de ellas bastante conseguidas. El argumento se disipa y sólo encuentra un cauce que seguir mediante un giro de guión inesperado que da un cierto juego, a pesar de lo idiota que resulta. Lo peor es la recta final, a la que el guión llega de una manera muy rebuscada, poco comprensible y menos emocionante; cómo sino podría ser, teniendo en cuenta que el supuesto malo aparece durante, como mucho, cinco minutos en todo el metraje (que por suerte es corto, más de lo que aparenta).


Hancock es, finalmente, un proyecto fallido, otra película de superhéroes más, similar en el tono en muchos momentos a la reciente y bastante superior Iron Man, pero que no consigue su objetivo de ser una buena comedia, por apartarse incomprensiblemente de este camino hacia un drama hinchado y pretendidamente trascendente, ni de desmitificar a los superhéroes; para eso mejor tenemos a los Batman de Nolan y, dentro de poco y sobretodo, a Watchmen, que espero que no defraude. Al menos resulta una película entretenida y divertida durante su primera mitad. No recomiendo pagar seis euros por verla, eso sí. Por suerte ya ha salido un buen Screener... y hasta aquí puedo leer.


Valoración: 5/10.