martes, 11 de noviembre de 2008

JCVD

Dirección: Mabrouk El Mechri.

Guión: Frédéric Bénudis, Mabrouk El Mechri, Cristophe Turpin.

Qué pienso yo de Jean-Claude Van Damme. Que es un pseudoactor de mierda, típica estrella de películas de acción lamentables, de esas de las que sólo soy capaz de ver escenas sueltas (a no ser que sean tan ridículas que me hagan descojonarme), sin ningún valor cinematográfico. Me suena que algunas de ellas no son del todo malas, a su modo: Blanco humano. Soldado universal. Kickboxer. En cualquier caso, el tipo de acción con que siempre se ha relacionado -o he relacionado- a Van Damme no es lo mío. Qué más sé de él. Que tuvo, de forma poco original, su época drogadicta; que realizó un baile patético en una de sus películas; que éstas ya ni pasan por los cines, sino que se venden directamente; que se puso palote en un programa de televisión, tras restregar sus (comparativamente con el resto del cuerpo) infradesarrollados genitales contra la pierna de una pobre mujer. Lo que vengo a decir es que no asociaría jamás a Van Damme con algo positivo. Mentira; ya no puedo hablar así. No en presente, al menos. Mi concepción sobre este hombre ha cambiado, como cambiará la de cualquiera que vea JCVD. ¿Razones? Léase.

Jean-Claude Van Damme es un actor que pasa por una crisis. (Sí, no excesivamente queridos amigos: esto es la sinopsis.) Su carrera se estancó en subproductos de acción desde su mismo inicio, pero hace muchos años que ni siquiera es popular en su género. Ahora simplemente usa sus películas como medio de subsistencia, pero resultan insuficientes cuando necesita dinero para pagar a su abogado los honorarios por el juicio por la custodia de su hija. Para alejarse durante un tiempo de sus problemas, Van Damme viaja a su ciudad natal, Bruselas. Allí, tras ser reconocido por dos fans, dueños de un videoclub, entra en una oficina de correos; minutos más tarde, desde el interior se inicia un tiroteo. La policía ha visto la cara de Van Damme en una ventana, y contacta con él: les dice que, a cambio de la liberación de los rehenes, quiere el dinero suficiente como para pagar a su abogado.

Antes de ver la película, creía que su gracia consistía únicamente en ver a Van Damme, nuestro amado Van Damme, ridiculizado por él mismo. Y sí, Van Damme interpreta a Van Damme, un tipo que es bastante risible, y nos obsequia con momentos de un humor patético genial, basados principalmente en la burla de su carrera (ejemplo único de chiste, que no es plan de cargarse la película: Steven Seagal le roba un papel porque promete cortarse la coleta por primera vez. Sublime.), aunque no sólo en relación a él, sino también al comportamiento de sus fans (eso de quitar un cigarrillo de la boca de una patada... es difícil). Sin embargo, esto no es todo. Van Damme da pena y lo sabe, y sabe también que ni Dios le toma en serio; así, decide derruir su imagen entre risas amargas para, tras ello, reconstruirse. Jean-Claude Van Damme se redime. Se redime como personaje, tras un enorme monólogo dirigido directamente al espectador, por emotivo, incómodo (y algo lastrado por la sobreactuación y la imposibilidad de extrapolarlo en su totalidad al verdadero Van Damme), convirtiéndose en un héroe, aunque uno humano; se redime como actor –y he aquí lo más chocante de la película-, demostrándonos que verdaderamente sabe actuar. Uala.

El otro punto a favor principal es la originalidad. Hay muchos biopics, pero en ninguno el protagonista está interpretado por sí mismo (que yo sepa; siempre “que yo sepa”); muchas veces un actor se ha interpretado a sí mismo, pero nunca hasta el extremo en que lo hace aquí Van Damme, menos aún mezclando de este modo realidad y ficción. Así, JCVD deja de ser una simple película para pasar a formar parte de esa hermosa, hermosa cosa que es el metacine. Facultad (o característica, como prefiráis) incrementada por las ya mencionadas palabras de Van Damme al espectador, de tú a tú, con las que nos destroza diciéndonos que le es muy difícil juzgarnos por ser incapaces de no juzgarlo. Hijo de puta.

Sin embargo, JCVD también funciona decentemente como un thriller criminal –género del que, en realidad, tiene casi más que de comedia. La ordenación temporal de los actos (y los títulos de estos) es tarantiniana, como también lo son, en parte, los diálogos. Y sí, la violencia, si queréis, pero por Dios, no me seáis tan simples de reducir a Tarantino a la violencia (y a la violencia a Tarantino). En la trama del atraco no existe demasiada originalidad, pero esto es excusado por la voluntad de los guionistas de ridiculizar no sólo los papeles de Van Damme, sino también sus películas en sí. El conjunto mejora gracias a la excelente dirección del novel Mabrouk El Mechri, que dota todo de un tono casi siempre realista, en ocasiones onírico, en todo momento de un ocre crepuscular. A destacar las escenas de acción que, si bien no son el elemento predominante, están. Pero no son espectaculares; de hecho, la película se inicia con la única secuencia que lo es, incluida precisamente en el rodaje de una película.

JCVD es una de las películas más sorprendentes que se han estrenado en los últimos años (o, ya que me pongo en este plan... ¡qué coño: una de las más originales de la historia del cine!), la unión más clara, o descarada, de una historia real con una de ficción; me acaba de venir a la mente Adaptation, pero ¡ah!, aquello era guionista-personaje, no actor-personaje... o actor-actor. Ambas, más bien... no sé ya. Se olvida bastante la importancia de esto, pero para mí lo es tanto como el objetivo de la película, lo que generalmente se ensalza de ella, aunque muy merecidamente: en JCVD Van Damme se desnuda interiormente, quizás no con total sinceridad, pero sin duda con total coherencia, escupe sobre toda su carrera y reniega de ella, al tiempo que la justifica y nos pide perdón... y nos perdona. Hijo de puta.

Valoración: 7,5/10.

viernes, 17 de octubre de 2008

Quemar después de leer

Título original: Burn After Reading.
Dirección: Joel Coen, Ethan Coen.
Guión: Joel Coen, Ethan Coen.
Reparto: Frances McDormand, George Clooney, John Malkovich, Brad Pitt, Tilda Swinton, Richard Jenkins, David Rasche, J.K. Simmons, Olek Krupa.


Nunca he tenido las expectativas muy altas en cuanto a Burn After Reading (me mola más cómo suena en inglés), por dos motivos: uno, que apenas si han pasado ocho meses desde el estreno del estreno de su última película (y obra maestra), la archiconocida y archioscarizada No es país para viejos, con lo cual me esperaba un filme no especialmente trabajado; dos, que las otras comedias ligeras de los Coen me gustan pero no me vuelven loco. Siempre está presente el humor negro en las películas de los Hermanos, pero lo prefiero con una función complementaria, contrastiva; cuando se convierte en el centro de la obra, para mí suele perder parte de su atractivo. Ladykillers y Crueldad intolerable son las películas de los Coen con las que, a través del tráiler y los comentarios de crítica y público, es más fácil relacionar Burn After Reading, y para mi gusto son (no he visto Arizona Baby ni El gran salto, eso sí) las peores de los Hermanos. Con lo cual. Eso sí: leí hace unos días que alguien la comparaba con El Gran Lebowski, cosa que me produjo una semierección, que contuve tanto como pude, porque El Gran Lebowski es El Gran Lebowski, y yo ya tenía en la mente la idea inamovible de que ésta iba a estar, simplemente, bien. ¿Lo está? La respuesta, tras la sinopsis. (Molaría poder tachar al escribir aquí... habría tachado la palabra "publicidad". Y eso. En fin.)

Un ex-analista de la CIA alcohólico gilipollas llamado Osbourne Cox (John Malkovich) decide escribir sus memorias para desvelar algún que otro secreto de la agencia para la que trabajaba. Su mujer (Tilda Swinton), una pediatra frígida, está liada con un agente del tesoro adicto al sexo gilipollas (George Clooney) que conoce mujeres a través de Internet. Ella quiere el divorcio; la secretaria de su abogado pierde el CD con los datos financieros del matrimonio en el gimnasio al que va, donde trabajan Linda (Frances McDormand), una típica americana de mediana edad gilipollas obsesionada con hacerse cuatro operaciones de cirugía estética y con conocer a un hombre por Internet, y Chad (Brad Pitt), un monitor gilipollas per se. El conserje del gimnasio encuentra el CD. Linda y Chad, tras "descubrir" que pertenece a Cox, pretenden devolvérselo, pero al pedirle una pequeña recompensa éste cree que le están haciendo chantaje en relación a sus memorias. Así, Linda "se da cuenta" de que puede sacarse unos buenos dineros, y decide llevar a cabo tal extorsión.


Me ha costado la ostia decidir cuál coño es el argumento de la película. No sé si tiene una trama o varias o si la trama del CD es la central o qué cojones; voy a decir que Burn After Reading es un lío enorme y tremendamente absurdo en que todo encaja perfectamente. La trama ¿criminal? no es lo más importante de la película, sino que tiene dos funciones: la humorística y la vertebradora. Sirve como nexo y otorgadora de sentido de las relaciones entre los diferentes personajes, que son lo que ocupa más minutos del metraje. Los Coen necesitan violencia. Casi siempre unen estos dos elementos, la trama criminal y el humor negro/surrealista/negro-surrealista; lo que varía es cuál de los dos es el predominante. Fargo no me hizo gracia la primera vez que la vi, sino que la tomé como un thriller genial; sólo en el segundo visionado entendí su verdadera naturaleza. Muerte entre las flores, la mejor de los Hermanos, posee un humor violento extrañamente poético. Hasta en la muy seria No es país para viejos hay un importante número de toques de humor sarcástico (magistral conseguir hacer reír mediante la traslación literal de los diálogos ultrasecos de Cormac McCarthy). El argumento de cine negro clásico de El Gran Lebowski es una excusa para una sucesión de personajes y escenas surrealistas. En eso se parece a Quemar después de leer. En Crueldad intolerable el elemento criminal es una excusa para una historia sobre relaciones personales. En eso se parece a Quemar después de leer.

La forma más sencilla de definir Burn After Reading es como una ida de olla. Habréis notado en mi sinopsis que todos los protagonistas son considerablemente gilipollas; la trama criminal (más bien, como ya he dicho antes, ¿criminal?) se basa en las paridas y paranoias de unos y otros. Lo que sucede no tiene sentido alguno, porque avanza mediante las ideas absurdas que se van montando los protagonistas, que vienen a ser algo así como gente corriente que se cree que es mucho más importante de lo que es o que vive dentro de una película (ya me entendéis, supongo, aunque así en retrospectiva la crítica me está quedando algo más incomprensible de lo habitual): el ex-agente de la CIA se cree que sus memorias tienen alguna relevancia; los trabajadores del gimnasio, que los datos bancarios de éste son datos sumamente importantes en los que los rusos estarán interesados; el adicto al sexo, que un espía lo persigue. Y así todo.


Había leído que el mejor papel de la película es el de Pitt. No lo es. Al menos doblado, es divertido pero no mata; están mejor Clooney (en un personaje, como el de Pitt, con el sex-appeal bajo cero) y, especialmente, Frances McDormand, que si bien es una intérprete recurrente en las películas de los Coen por estar casada con uno de ellos, es muy buena (Oscar en Fargo, recordemos). Richard Jenkins está también muy divertido; Tilda Swinton (que en la vida real es una jipi y siempre hace este tipo de papeles en plan dominatrix) sale poco y tiene un papel complementario. Malkovich se limita a soltar tacos sin parar y a resultar odioso. Aunque, joder, aquí todos son odiosos. (Lo cual es bueno)

Quemar después de leer es, en definitiva, un cacao brutal, siempre entretenido, en muchas ocasiones divertido y, en algunas (principalmente las dos escenas en que dos agentes de la CIA intentan averiguar el sentido de las acciones de los personajes, o cuando el propio espectador se da cuenta de lo estúpido que resuta todo), descojonante. Comedia absurda inteligente que, como todas las de los Coen excepto El Gran Lebowski, es un plato que, aunque deja buen sabor de boca, sabe a poco, porque sabemos que saben cocinar mejor, y nos quedamos con ganas de más. Sí, este pseudolío alimenticio final es premeditado. ¿Que si lo he escrito por alguna razón, decís? No. Ciertamente no.


Valoración: 7/10.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Tropic Thunder

Dirección: Ben Stiller.
Guión: Ben Stiller, Ethan Coen, Justin Theroux.
Reparto: Ben Stiller, Robert Downey Jr., Jack Black, Jay Baruchel, Brandon T. Jackson, Nick Nolte, Matthew McConaughey, Tom Cruise, Brandon Soo Hoo, Steve Coogan, Danny R. McBride, Bill Hader, Reggie Lee.


Además de un nuevo caso de subtitulación lamentable (me niego a poner aquí esa mierda de rima que han añadido los de la distribuidora al título... por cierto, al ir al cine vi también el cartel de Escondidos en Brujas; os diré simplemente que, debajo de la palabra "Brujas", han escrito "Está en Bélgica"), Tropic Thunder es una nueva comedia absurda hollywoodiense de esas que abundan desde hace una década, más o menos. Fue precisamente Ben Stiller, director de esta Tropic Thunder, uno de los principales impulsores del género (recordemos la -en cierto modo- gran Algo pasa con Mary); sin embargo, llevaba años sin trabajar en nada decente. De hecho, casi diría que desde Algo pasa con Mary (lo diría, eso sí, desde la inexperiencia del que no ha visto Zoolander). Como me estáis leyendo, deduzco que sois gente inteligente, y por tanto deduzco que habréis deducido por las frases anteriores que, en efecto, Tropic Thunder me ha parecido decente. Al menos. Si, como supongo, os meáis encima de las ganas de saber más sobre mi opinión, seguid leyendo; si no... ¿qué cojones hacéis aquí? Cerrad el puto Firefox e id a masturbaros con un plátano (sí, hombres del mundo: os podéis follar una piel de plátano, y da cierto gusto. ¿No lo sabíais?). O algo.

El que me lea con más o menos regularidad habrá notado ya que normlamente se me va algo la pinza en las introducciones de mis críticas; en esta ocasión, sin embargo, se me ha ido más de lo normal. Ha sido una cosa natural, espontánea... hermosa, en resumen. A lo que voy es a que, quizás, tanta gilipollez venga a cuento en esta ocasión; puede que me haya vuelto más enfermo -espero que temporalmente- tras ver Tropic Thunder, y tal enfermedad encaja bien en una crítica de esta película. Básicamente es eso: una cosa tremendamente enferma, más bestia que divertida, y más divertida por bestia y enferma. Lo cual, para mi gusto, está muy bien. Claro que -como habrá notado el que me lea con más o menos regularidad- soy un cinéfilo poco exigente. Sinopsis, que me pierdo, y crítica que, espero, tendrá un tono más aceptable que el de los dos párrafos que llevo.


El rodaje de Tropic Thunder, adaptación del libro homónimo sobre la guerra de Vietnam, va mal. Las estrellas protagonistas son unas impresentables; el director, un novato inútil. Éste, bajo las presiones del productor e inspirado por el autor de la novela, decide mandar a los actores a la selva, "acojonarlos" y rodar con cámaras ocultas las escenas de acción. Sin embargo, el plan se jode cuando las explosiones preparadas son respondidas por un grupo armado del lugar. Los actores tienen sentimientos divididos: alguno cree que lo que sucede está preparado por el director; el resto, que algo va mal. Sin embargo, como son todos imbéciles, se verán envueltos sin motivo aparente en una historia bélica extrañamente similar a la de la novela que debían adaptar...

No me gusta Stiller, la verdad. Jack Black, menos. Mis cómicos americanos favoritos son Will Ferrell (El reportero) y, en menor medida, Steve Carell (Virgen a los 40). En fin, que a lo que vengo es a que si me llamaba la atención Tropic Thunder era por Robert Downey Jr.: en cuanto supe que (un neoyorquino) interpretaba a un actor australiano que interpretaba a un negro me descojoné. Mucho. Su personaje es el mejor de la película, sin duda, pero el doblaje se lo carga bastante. En versión original (y ya sé que soy bastante plasta con esto pero, ¡joder!, es que es así) esa mezcla de acentos y de interpretaciones tiene que ser brutal. En castellano, las expresiones, por así decirlo, típicas de negro pierden gracia y credibilidad; una credibilidad que, de hecho, las expresiones coloquiales no tienen, porque están mayoritariamente mal traducidas. Aparte de esto, su personaje es, como ya digo, el que mejor funciona. Todos son paródico-críticos, como ya iré diciendo a medida que escriba; sin embargo, las burlas que implica su personaje son las que dan mejor en el blanco (jeje. Chiste inintencionado sobre colores de piel). Las similitudes de Kirk Lazarus con Russell Crowe (¿actor australiano violento? Hmm, ¿de qué me suena?) o Daniel Day-Lewis (o cualquier otro actor de método... eso sí: tenga usted claro, Sr. Downey, que el Sr. Day-Lewis le mete a usted cincuenta mil patadas) son obvias; sin embargo, también hay una crítica más... profunda, por así decirlo, a la apropiación de la cultura negra por parte de la blanca. Esto queda reflejado muy particularmente (que no únicamente) en las conversaciones entre el personaje de Downey Jr. y el verdadero negro del grupo de actores-soldado, un rapero metido a actor.


El personaje de Stiller es una vieja gloria del cine de acción que intenta empezar a interpretar personajes serios (tan despollante como irrespetuosa su búsqueda del Oscar mediante la personificación de Jack el Simple; según el personaje de Stiller, "un retrasado que hace cosas retrasadas") en busca de respeto. El de Black se siente innecesario. Parodia la faceta drogadicta de muchos actores, además de, también, la búsqueda del respeto (en este caso, viniendo de la comedia infantiloide); sin embargo, no tiene una implicación real en la trama, y sus chistes, además de estar bastante apartados del resto, son muy obvios y, generalmente, no tienen demasiada gracia. En realidad, el humor básico que quiere parodiar es el que muestra, y no creo que intencionadamente. Sobra también a ratos el personaje de Brandon T. Jackson, el rapero que antes he mencionado, aunque cobra sentido durante sus conversaciones con el de Downey. La crítica que implica está, además, poco profundizada. Jay Baruchel interpreta a un actor joven que, al no intentar ser tan crítico como los anteriores, funciona bastante bien de por sí.

Es imposible hablar del reparto de Tropic Thunder sin hablar, aun a riesgo de escribir una crítica demasiado larga, de los actores famosos que aparecen en papeles inesperados. Además de pequeños cameos, hay personajes grandes: Nick Nolte es el escritor del libro a adaptar, parodia del típico ex-soldado atormentado que dice frases profundamente siniestras y, en este caso, chorras; Matthew McConaughey interpreta al agente del personaje de Stiller, un ser ingenuo tentado por primera vez por la corrupción de los grandes estudios, personificados en uno de los papeles más agradecidos de la película: el de un Tom Cruise con (todavía) menos sex-appeal del habitual, y que da más miedo del que da normalmente. Y, bueno... baila. Sólo por ver a Cruise ridiculizándose así ya vale la pena ver Tropic Thunder. Vale la pena por más cosas, sí, pero... Dios. ¡¡Baila en plan rapero!! Sublime.


Me reí bastante con la película. Eso sí: como ya he dicho al principio, Tropic Thunder hace reír, más que por su ingenio o su verdadera comicidad, por lo desmadrada que es. Básicamente está compuesta de una chorrada/ida de olla tras otra; algunas de ellas son divertidas, otras no tanto, casi todas están fuera de lugar, muchas te hacen llevarte las manos a la cabeza mientras te partes y gritas "¡¿Pero esto qué coño es?!". Si alguno de vosotros disfruta del cine cutre, lo pasará en grande con Tropic Thunder; en cuanto a calidad, está al nivel de obras maestras míticas como Jesucristo Cazavampiros o Payasos asesinos del espacio exterior. Si esto no fuera el producto de las fumadas (o vete a saber qué) de Stiller, jamás hubiera sido rodado, al menos con ese presupuesto tan enorme, que hace que las escenas de acción estén muy conseguidas, y que los momentos gore, que abundan, resulten más divertidos de lo normal. Me ha dado envidia, siendo sincero, porque me ha recordado bastante a mi guión inacabado que lleva por título Holy Squad: Santificado sea tu nombre, que sé que nunca será rodado y que narra la historia de un grupo de soldados de elite de un ejército religioso que lucha contra infieles musulmanes lanzándoles agua bendita que les quema el cuerpo y las de Dios. En fin, que si alguien quiere comprarme el guión que me avise. Y eso.

Tropic Thunder es una locura gamberra que funciona bastante bien por su excesividad a pesar de que los diálogos no son especialmente divertidos, que realiza una agradecida crítica destructiva (aunque no tanto como debería, eso es cierto) contra la industria hollywoodiense y las gilipolleces que la rodean, a pesar de su final, bastante complaciente en este sentido. Recomendada sólo a aquellos que se rían con las típicas chorradas cutres en plan Troma, así como con las parodias o con las comedias de Stiller. Además, aun siendo una de esas raras películas que disfruto tanto como el público habitual de mi franja de edad, contiene bastantes referencias cinéfilas, no sólo en escenas y situaciones (Platoon, El cazador, Apocalypse Now...), sino también en algunos de los diálogos de Downey Jr., que descolocarán a gran parte de los espectadores (eso sí, finalmente también son una parodia de la gente como yo, los cinéfilos pedantes). De cualquier modo... una película en la que Tom Cruise baila de forma patética DEBE ser vista. He dicho.


PD: No lleguéis tarde: os perderéis la sorpresa inicial, que es de lo mejor de la película. Pista para cinéfilos: Grindhouse sí ha tenido alguna repercusión.

Valoración: 6,5/10.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Vicky Cristina Barcelona

Dirección: Woody Allen.
Guión: Woody Allen.
Reparto: Javier Bardem, Scarlett Johansson, Rebecca Hall, Penélope Cruz, Chris Messina, Patricia Clarkson, Kevin Dunn.


No soy de esos a los que les jode que Woody Allen dirija una película casi cada año, básicamente porque, aun así, nos entrega casi siempre filmes con una calidad por encima de la media; en ocasiones, aun últimamente, y a pesar de los que reniegan de su filmografía reciente, verdaderas joyas incluso (véase la enorme Match Point). Vale que el mejor Allen es el de las comedias de varias décadas atrás (mi favorita: La última noche de Boris Grushenko), pero no conviene despreciar ninguno de sus trabajos de los últimos años. No me apetecía demasiado Vicky Cristina Barcelona, pero el tráiler, exceptuando la canción que lo acompaña, me llamó la atención. Vi muestras de un humor negro muy interesante. Así, emprendí camino por segunda vez (tercera en verdad, pero no sé por qué no cuento lo de Caos calmo, película que por cierto también recomiendo, como una película vista en V.O.) a un cine en versión original subtitulada; esta vez, al contrario que tras nuestras locas, locas peripecias del día del estreno de El caballero oscuro, conseguimos nuestro propósito (me daba un asco enorme ver esta película doblada, por razones obvias, creo). Me ha hecho ilusión ver que el cine estaba llenísimo. Bueno, sinopsis y rollo.

Dos pijas americanas, Vicky y Cristina, son invitadas por unos amigos de la familia de la primera a pasar los meses de julio y agosto en Barcelona. Allí, ambas conocen a Juan Antonio (Javier Bardem), un pintor que tuvo una relación tormentosa con otra artista, María Elena (Penélope Cruz), que acabó en intento de asesinato, que las invita a pasar un fin de semana en Oviedo, diciéndoles que "beberán buen vino, comerán bien y harán el amor". Cristina (Scarlett Johansson), apasionada y liberal, acepta encantada la proposición; Vicky (Rebecca Hall), que además de ser totalmente opuesta a su amiga está comprometida, los acompaña sólo para vigilar a Cristina. En principio.


Empieza mal Vicky Cristina Barcelona. Primero suena la canción del tráiler, Barcelona, de Giulia y los Tellarini (aunque conocida por mí como "la puta canción"), que, además de no ser en absoluto apropiada para la ciudad (diría "mi ciudad", pero estaría mintiendo como una prostituta que emita sonidos orgásmicos) y casar mucho mejor con Río de Janeiro, se repite infinitamente durante toda la película. De hecho, he notado sólo tres canciones en toda la película, ¡tres!, dos de ellas repetidas hasta la saciedad (siendo la otra de éstas Entre dos aguas de Paco de Lucía... qué poco obvia, ¿verdad?), y ninguna adecuada para Barcelona ni para Oviedo. Que no están en Andalucía, joder. Fatal en este aspecto. En fin. Después de la puta canción, oímos una voz en off que nos explica brevemente los porqués del viaje de las dos amigas. Innecesaria. De hecho, el narrador está muy presente durante todo el metraje, y tan sólo durante su última -y muy breve- intervención cobra algo de interés.

La cosa mejora cuando empiezan los diálogos, como cabe esperar de Woody. Los primeros ya poseen un tono malicioso que predominará durante todo el metraje, perlado ocasionalmente por muestras de sabiduría o de genio. Y lo cierto es que la calidad del filme se mantiene alta en casi todo momento, a pesar de una errónea visión de Barcelona tan idealizada como pija como propagandística, que no es demasiado ofensiva e incluso tiene cierta gracia. La primera mitad de la película es divertida y, en resumen, buena (también es aquí donde tenemos los toques más obvios en cuanto a la recreación de España, aunque no especialmente graves; véanse las omnipresentes guitarras), pero es fácilmente superada por la segunda.


Durante los primeros minutos Scarlett y Rebecca Hall tienen todo el protagonismo; sin embargo, al entrar Bardem en escena, ambas son devoradas interpretativamente. Muy especialmente la primera, que de hecho, al verse relegado su personaje a un segundo plano (además de que excepto en el inicio está siempre bastante sosa), pierde extrañamente gran parte de su erotismo, primero en favor de Rebecca (con un personaje otan crispante com en ocasiones adorable) y posteriormente, y en una medida mucho mayor, por Penélope Cruz. No me gusta esta actriz; sin embargo, tengo que reconocer que de vez en cuando clava sus papeles, y ésta es sin duda una de las mejores interpretaciones que ha realizado, si bien no aparece tanto en pantalla como sus tres coprotagonistas. La relación destructiva y desequilibrada, tremendamente divertida para el espectador, entre su personaje y el de Bardem, potenciada por su muy palpable química (cosa comprensible por otra parte), es lo mejor de Vicky Cristina Barcelona. Completan el reparto una irónica Patricia Clarkson y un desagradable Chris Messina, ambos también muy divertidos.

Me ha costado saber cuánto me ha gustado Vicky Cristina Barcelona. Es una película sobre la que hay que pensar. Puede fácilmente pasar por una comedia ligera de esas a las que nos tiene acostumbrados Allen, aunque con un tono sensual (que no erótico; por ejemplo, los besos, en especial los de las tan comentadas escenas lésbicas, son de un soso flipante) y sarcástico no tan típico; sin embargo, es sólo al final cuando sabemos qué pretendía decirnos el director y guionista, cuando nos damos cuenta de que la supuesta ligereza no era tanta, cuando notamos ese pesimismo vital que tiñe sobretodo los últimos dramas del neoyorquino, y cuando entendemos en relación a la película (y quizás alguien también fuera de este ínfimo contexto) esa frase adjudicada al personaje de Cruz: "Sólo el amor incumplido puede ser romántico". Desde luego, no es ésta una película que deba ver alguien con problemas de pareja.


Valoración: 7/10.

martes, 16 de septiembre de 2008

Che: El argentino

Dirección: Steven Soderbergh.
Guión: Peter Buchman.
Reparto: Benicio del Toro, Demián Bichir, Santiago Cabrera, Catalina Sandino Moreno, Rodrigo Santoro.


Creo que no me gusta Soderbergh. Digo "creo" porque he visto pocas películas suyas, pero las Ocean's (es una "'s" de posesivo, no esa falsa "s" plural que tantos de vosotros, oh ignorantes, usáis), a pesar de que en su función sé reconocer que son buenas, me resultan indiferentes, tienen para mí incluso un punto desagradable, Sexo, mentiras y cintas de vídeo, a pesar de sus virtudes, está sobrevaloradísima, y Traffic me pareció fría y mal acabada. No he visto nada más de este hombre, creo. Si me llamaba (bastante además) la atención su Che, dividido a causa de su duración real de cuatro horas y media en dos partes, El argentino, ésta, y Guerrilla, que no sé cuándo coño se estrena, era por un único motivo, un motivo de mucho peso (sobre todo últimamente, que está cada vez más fondón): Benicio del Toro. Oh, Benicio. Qué grande es usted (sobre todo últimamente, que está cada vez más fondón). Oh, Benicio... bueno, sinopsis y luego sigo alabando a Benicio (oh, Benicio), y un poco también a la peli. No tanto como a Benicio, eso sí.

Che: El argentino narra la Revolución Cubana desde el punto de vista de Ernesto Guevara, médico argentino más o menos conocido (sí, el tío ese que sale en las camisetas) que, junto a cubanos como Fidel y Raúl Castro, derrocó la dictadura de Fulgencio Batista (hala, ya os he contado el final), apoyada por los Estados Unidos, potencia a la que ideológicamente los líderes revolucionarios se oponían. Qué cosa más obvia de sinopsis, la virgen.


Hace poco alabé a un del Toro, hoy alabo a otro. A éste le lameré el ojete más (todavía): me parece el mejor actor del panorama cinematográfico actual (bueno... junto con algún otro: Forest Whitaker, Gary Oldman, Daniel Day-Lewis) y, aun siendo su interpretación del Che memorable y, a no ser que cambie mucho el tema, merecedora del Oscar, como todos sabemos Benicio es Dios (uno de ellos, mi panteón cinéfilo es bastante grande), por lo que no me atrevo a decir que sea la mejor de su carrera. La empato, eso sí, con las de 21 gramos y Traffic. Del Toro compone un personaje que podría haber resultado impresionante, si el guión hubiera ayudado.

Porque lo cierto es que, si bien mal no está, el guión no tiene fuerza. El retrato psicológico del Che resulta insuficiente, su ideología (mostrada básicamente en escenas situadas siete años después de la Revolución, durante una entrevista para la televisión americana y su discurso ante las Naciones Unidas) se presenta desde un punto de vista en absoluto arriesgado. La dirección, impecable, con predominancia del realismo y el plano medio, se acerca al estilo documental, lo cual casa perfectamente con la frialdad del guión. Por tanto, Che tiene un tono diferente a lo común, extraño, desapasionado, que sin embargo no hace la película aburrida en ninguno de sus aproximados ciento veinte minutos. A mí, al menos.


No sabía qué esperar de esta película, pero sí intuía que habría menos acción. Menos aún de la que hay, puesto que la cantidad de tiros no es exagerada. Varias de las escenas de este estilo me han encantado, debido al realismo con que están rodadas; sin embargo, hay otras que, a pesar de las imágenes creíbles y bien tomadas, no tienen tensión alguna debido a que Soderbergh intercala palabras de la entrevista al Che, anulando los sonidos de disparos y explosiones, con lo cual el espectador puede fácilmente pasar a ignorar los acontecimientos.

A pesar de ser una película centrada en el Che, lo cierto es que no se siente que verdaderamente sea Guevara el protagonista de los acontecimientos durante buena parte de lo relatado en la película (sensación incrementada por el hecho de que verdaderamente no lo era). Hay muchos secundarios, pero pocos de ellos tienen importancia o relevancia argumental; cabe destacar, por supuesto, al personaje de Fidel Castro, interpretado magistralmente por Demián Bichir (me acojona pensar que este papel originalmente era para nuestro Bardem, no lo veo nada de Castro, aunque Bardem es mucho Bardem). Mucho actor televisivo hay por aquí... además de Bichir (sale en la última temporada de la inmerecidamente desconocida Weeds) aparecen Rodrigo Santoro (Lost, aunque últimamente está en todas partes este tío) o Santiago Cabrera (Heroes, también hace aquí un muy buen papel). Mención aparte merece Unax Ugalde, actor malo donde los haya, que destroza, con su innegable talento para tal fin, un personaje ya de por sí poco llamativo (de hecho, aunque aparece durante todo el metraje, lo que hace básicamente es pasearse por la selva con una cara de gañanazo exageradísima).

Unax en su único momento no esperpéntico de toda la película

El argentino es una película rara, que toma riesgos con su falta de riesgos y que se siente excesivamente fría, documental, pero a su vez posee una elegancia y una sobriedad que de otro modo no sería posible. Quizá una película más normal, más apasionada, habría sido mejor, pero a mí esta ya me parece bien. Eso sí: por supuesto, sin Benicio del Toro no sería nada. A ver qué tal Guerrilla aunque, por los votos en la IMDB, prefiero no hacerme muchas ilusiones.

Valoración: 7/10.